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Aprende todo sobre Yucatán con Travel Shop

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En la quinta edición de la campaña Fortaleciéndonos con Travel Shop, aprende junto con el director general de la compañía, Miguel Galicia y la representante de Yucatán Travel, Maryestella Muñoz sobre los grandes atractivos turístico de este estado del sureste mexicano.

Recuerda que la transmisión, además de estar disponible en la plataforma Aula 4.0, es posible verla en el Facebook de Travel Shop.

En medio de la selva yucateca, hay majestuosas haciendas que convocan el pasado de esta región henequenera que durante el siglo XIX estaba llena de riqueza, pero no solo esas construcciones sorprenden, también sus místicos cenotes.

Descubre las haciendas henequeneras

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Aunque, hoy en esos espacios ya no se ven a peones cargando pencas de agave ni a trenes transportando esa fibra, la atmósfera de las haciendas aún resguarda melancólicas historias de henequén.

Y es que a principios del siglo XIX el auge de ese material, llenó de bonanzas estas tierras del sureste mexicano, y convirtió pequeñas fincas dedicadas a la ganadería y a la producción de maíz, caña de azúcar y palo tinte en grandes productoras de la fibra del sisal.

Estas construcciones contaban con la Casa principal, capilla, hospital de caridad, cementerio, casa de oficios y trabajadores, así como el cuarto de máquinas y hasta su propio ferrocarril.

Actualmente esos espacios sin perder su arquitectura original han sido adaptados, y aunque ya no alojan a hacendados españoles, continúan resguardando los sueños de algunos viajeros.

Santa Rosa

Ubicada a una hora de la ciudad de Mérida, esta hacienda, fundada en el siglo XIX, formó parte de un corredor de “casas grandes” que floreció durante el auge de la producción henequenera.

Hoy a varias décadas de la fiebre del oro verde, este lugar aún conservar algunos muros que fueron testigos de su época de bonanza. Aunque ya no alberga a acaudalados hacendados, continúa velando el sueño de aquellos viajeros que llegan hasta aquí para explorar estas tierras mayas.

Actualmente, es un hotel de 11 habitaciones y cada espacio ha sido restaurado y adaptado, sin perder su arquitectura original. De hecho, se rescataron algunas técnicas mayas de construcción y se utilizaron materiales similares que solían cubrir sus techos, muros y suelos.

La casa principal conserva la atmósfera de aquellos años, pues está decorada con muebles de mimbre y bejuco, vigas de madera y pisos de mosaico a la usanza de la región.

En el antiguo cuarto de máquinas se ubican la mayoría de las suites, cada una con su propia personalidad. Destaca la Casa Maya, una villa construida a semejanza de las típicas casas mayas, redondeada en las esquinas y con techo de palma.

Desde la hacienda se pueden realizar excursiones para visitar Celestún y admirar sus flamencos rosados, pues se localiza a una hora, así como la zona arqueológica de Oxkintok, ubicada a solo 25 minutos.

Tekik de Regil

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Esta hacienda que, data de principios del siglo XIX, se ha convertido en una sede idónea de eventos, con la primicia de contar con uno de los cuartos de máquinas mejor conservados del estado.

Uno de los principales atractivos de la hacienda son los murales del artista yucateco Carlos Calocho, quien plasmó en el casco de la casa principal la diversidad de la flora y fauna de región, así como la riqueza cultural e histórica de Yucatán.

También destaca su capilla, que data de 1908 y que fue construida por Alfonso Cardone.

Temozon

La que fuera la principal productora de sisal del mundo, en el siglo XIX, se ha transformado en un exclusivo hotel.

Los muebles, el piso, las grandes puertas de madera, los techos altos y la decoración de cada espacio de la hacienda hacen sentir a los visitantes como auténticos hacendados españoles.

Desde el jardín principal se ve, en todo su esplendor, el majestuoso casco de la hacienda, que originalmente era una finca ganadera y productora de maíz. Llama la atención que la arquitectura se conserva, casi, en su totalidad. De hecho, los muros fueron pintados con pigmentos minerales rojos, amarillos y azules como lo hacían un siglo atrás.

Un imperdible del hotel es el Maya spa, emplazado en una caverna que, también es hogar de un cenote.

San José

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En el corazón de la antigua provincia maya de Cehpech, se encuentra esta finca que después de la congregación, de 1552, fue adquirida por españoles para la cría de ganado.

Por su ubicación se convirtió en uno de los centros productores de henequén más famoso de la región norte de Yucatán. Sin embargo, después de que el auge del oro verde terminó, la finca quedó abandonada varios años.

Décadas más tarde este sitio fue restaurado para convertirlo en un hotel boutique. Se respetaron cada una de sus antiguas edificaciones, así como algunos accesorios, mobiliario y hasta el color azul pastel de su fachada.

Cuenta con 11 habitaciones, cuatro casas mayas con camas colgantes. Lo que fuera el “Cuarto del patrón” es su suite más exclusiva con alberca privada. Además, dentro de la hacienda hay una pequeña capilla con frescos originales del XIX.

Sotuta de Peón

Construida a finales del siglo XIX, esta finca, convertida en hotel y museo, es una cápsula del tiempo que remite a la época en que el henequén se convirtió en la base de la economía yucateca. Este lugar da una idea real de lo que fue la operación y el estilo de vida que ahí se dio. Aquí es posible visitar desde la casa del patrón hasta la fábrica, con las máquinas y procesos que en su momento se utilizaron.

El recorrido se hace montado en plataformas de madera tiradas por mulas llamadas trucks que antes transportaban las hojas de henequén como pequeños trenes, sobre rieles que cruzaban de un punto a otro la hacienda.

Explora los cenotes de Yucatán

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La Península de Yucatán esconde bajo la tierra una de las maravillas naturales más impresionantes del planeta, los cenotes. Sí, son ríos subterráneos que corren como venas un sistema de cavernas, donde los rayos del Sol y la piedra caliza, hacen que el agua adquiera tonalidades extraordinarias.

Para los mayas, los cenotes representaban la entrada al inframundo, es decir, el lugar bajo la tierra a donde se iban las almas al desprenderse del cuerpo. Además, servían para realizar ceremonias sagradas donde, se dice, invocaban a distintos dioses.

Actualmente, algunas de estas maravillas de la naturaleza pueden ser visitadas sin problema, donde los viajeros son conducidos por un guía experto y así descender a las entrañas de la tierra y “entrar” al inframundo.

Zací

Ubicado en el corazón de la ciudad de Valladolid, Zací es uno de los espacios naturales más importantes de este destino. Sus caprichosas formas pétreas, con estalagmitas y estalactitas, enmarcan los 28 metros de diámetro que tiene el espejo de agua, con una bóveda que alcanza los 22 metros de altura.

Zací es una palabra maya que significa Gavilán blanco. Era el nombre del asentamiento prehispánico sobre la cual se fundó, en 1543, la actual ciudad de Valladolid.

En sus aguas cristalinas, de tonos turquesa, habita una extraña especie de peces negros y sin ojos denominados Lub. Cuando la luz se filtra con potencia sobre el cenote, puede apreciarse muy claramente los cientos de peces que revolotean en busca del alimento.

Dzitnup

A cinco kilómetros de Valladolid, se encuentra este cenote, conocido también como La cueva azul. Su entrada es estrecha y el descenso se realiza por unas escalinatas labradas en roca, que desembocan a un paraje que permite el acceso al único salón de la cavidad.

En ella, hay un lago de color azul turquesa, decorado con estalagmitas que descienden de la bóveda y duplican su imagen en el agua. La luz que le llega del techo aumenta su majestuosidad.

La bóveda de Dzitnup es una de las más impresionantes de la región, al alcanzar una altura de 46 metros y un diámetro de 28 metros. En esta poza se permite nadar.

Cenote sagrado

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El Cenote Sagrado, ubicado en Chichen Itzá, mide 75 metros de diámetro y 35 de profundidad. Este sitio era el corazón de las actividades religiosas de toda la zona maya.

Como parte del culto a Chac, dios de la lluvia, los mayas arrojaban ofrendas ceremoniales que consistían, principalmente, en objetos preciosos como piezas de oro, jade, cobre, tela y cestería.

Este lugar jugaba un papel tan importante dentro de la cosmogonía maya que, siglos después de la decadencia de Chichen Itzá, se hacían peregrinaciones para rendir culto a los dioses en ese lugar.

Algunos investigadores creen que este sitio se utilizaba para sacrificios. En 1901 el estadounidense Edward Thompson, dragó parte del pozo y encontró joyería, cerámica, figuras de barro y huesos de seres humanos, principalmente niños. Tras examinar la evidencia concluyó que era más factible que esas personas hubieran muerto ahogadas por accidente que con fines religiosos.

Xlacah

El poblado de Dzibichaltún, “lugar donde hay escritura sobre las piedras planas”, resguarda otro importante prodigio natural, el cenote de Xcalah. En sus transparentes aguas viven seis especies de peces endémicas de la Península de Yucatán, de las cuales tres son exclusivas de este sitio.

El fondo de Xlacah no es recto, sino que se inclina en ángulo agudo hasta alcanzar aproximadamente 44 metros de profundidad.

En 1959, exploradores descubrieron que existe un pasillo que continúa por debajo de la orilla del cenote, es horizontal, pero no ha sido medido aún, puesto que se prolonga “hacia una oscuridad total”.

Sin embargo, a diferencia del cenote sagrado de Chichén Itzá, Xlacah no se utilizó para sacrificios humanos, sino únicamente como fuente de abastecimiento de agua para la población. Actualmente, tiene un importante uso recreativo entre el turismo local que visita Dzibichaltún, principalmente los fines de semana.

Estos son solo algunos de los atractivos naturales que resguarda Yucatán, un estado del sureste mexicano que sorprende a cada paso.

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