Conéctate con nosotros

El turismo deja de visitar y empieza a mandar

cuando-el-turismo-deja-de-visitar-y-empieza-a-mandar-portada

Destinos

El turismo deja de visitar y empieza a mandar

El turismo deja de visitar y empieza a mandar

Cuando el turismo reorganiza los lugares

El turismo nació como una forma de descubrir lugares. Hoy, en demasiados destinos, empieza a funcionar como una fuerza que los reorganiza. Ya no solo llega, consume y se va. Cambia horarios, precios, comercios, viviendas, calles, prioridades y hasta la manera en que una ciudad se mira a sí misma.

El destino empieza a vivir para el turismo

Esa es la idea más incómoda detrás del concepto de hiperturismo que el geógrafo Rémy Knafou explicó en Le Monde. El turismo ya no sería una actividad más dentro de un territorio, sino una lógica capaz de someterlo todo a sus propias necesidades. Dicho en sencillo: el destino deja de vivir con turismo y empieza a vivir para el turismo.

México debería tomar esa frase con mucha seriedad.

Cuando el crecimiento deja de ser saludable

Durante años hemos celebrado el turismo como una industria limpia, amable y casi siempre positiva. Y lo es, cuando se gestiona bien. Genera empleo, activa economías, conecta regiones, atrae inversión y permite que millones de personas vivan de recibir a otros. Pero cuando el turismo crece sin regulación suficiente, también puede volverse una máquina que empuja a todos a adaptarse a él: residentes, comercios, autoridades, transportistas, desarrolladores y comunidades.

Ahí empieza el problema.

La subordinación territorial

Un barrio deja de tener tiendas para sus vecinos y empieza a tener solo cafés bonitos, experiencias fotografiables y departamentos temporales. Una playa deja de ser espacio público y empieza a sentirse como escenografía privada. Un pueblo deja de ordenar su vida por sus habitantes y empieza a ordenar sus fines de semana por los visitantes. Una ciudad empieza a medir su éxito por ocupación, derrama y viralidad, aunque sus residentes ya no puedan pagar la renta o moverse con facilidad.

Eso no es turismo saludable. Es subordinación territorial.

Las señales del hiperturismo en México

El hiperturismo no se ve solo en las grandes capitales europeas. También aparece donde una calle se vuelve tendencia, donde una laguna se vuelve postal obligatoria, donde un pueblo mágico se convierte en set, donde una zona de playa crece más rápido que su drenaje, su movilidad, su seguridad o su capacidad de convivencia.

México conoce esas señales. Las vemos en destinos que reciben más presión de la que pueden procesar. Las vemos cuando todo se encarece alrededor del visitante. Las vemos cuando se improvisa infraestructura después del boom, cuando la promoción corre más rápido que la planeación y cuando la conversación pública celebra números, pero evita hablar de límites.

El verdadero reto

El verdadero reto no es atraer turistas. Eso muchos destinos ya lo lograron. El reto es evitar que el turismo se convierta en el único idioma del territorio.

El papel de los agentes de viajes

Para los agentes de viajes, esta discusión también importa. Vender mejor ya no significa mandar a todos al mismo lugar, en la misma temporada y con la misma foto. Significa entender cuándo un destino está saturado, cuándo conviene proponer rutas alternas, cuándo una experiencia local merece más cuidado y cuándo el viaje debe diseñarse con más respeto. La asesoría profesional puede ayudar a distribuir flujos, elevar valor y proteger la experiencia.

La responsabilidad de los destinos

Para los destinos, la lección es más dura. No basta con promoción. Hace falta gobierno turístico. Datos, límites, vivienda, movilidad, regulación de plataformas, protección de espacios públicos, participación de residentes y una visión que no confunda popularidad con desarrollo. También hace falta valentía para decir que no todo crecimiento conviene, aunque se vea bien en un reporte.

El lugar correcto del turismo

El turismo no debe desaparecer del territorio. Debe ocupar su lugar correcto.

Esa frase parece simple, pero cambia todo. Porque cuando el turismo se vuelve el centro absoluto, lo demás queda alrededor: la vida local, la cultura, el comercio cotidiano, el descanso de los residentes, el paisaje y hasta la identidad. Y un destino que sacrifica todo para gustarle al visitante termina perdiendo precisamente aquello que lo hacía atractivo.

Mejor turismo, no menos turismo

México tiene una oportunidad enorme si entiende esto a tiempo. No necesitamos menos turismo. Necesitamos mejor turismo, mejor distribuido, mejor gobernado y mejor explicado.

Porque un destino no se arruina cuando llegan viajeros.

Se arruina cuando deja de pertenecerse a sí mismo.

Más de Destinos

 

Populares

 
To Top