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Desde el Tianguis turístico: Turismo comunitario

Tragicomedia

Desde el Tianguis turístico: Turismo comunitario

Desde el Tianguis turístico: Turismo comunitario

El arte de vender la autenticidad… con manual oficial

Arranca el show. El nuevo niño bonito del discurso turístico en México se llama turismo comunitario. Suena precioso. Suena justo. Suena hasta revolucionario. Y por eso mismo, huele a que alguien ya le puso precio.

Porque aquí, cuando algo suena demasiado bien, no tarda en volverse paquete. Paquete con logo, con manual… y con alguien afuera de la comunidad cobrando comisión.

La Secretaría de Turismo de México ya lo puso sobre la mesa. Ahora sí, dicen, el desarrollo viene desde abajo. Desde la gente. Desde la raíz. Lo escribieron en el PROSECTUR 2025-2030 y lo pasearon por ferias como si fuera el santo grial del turismo nacional.

Y justo ahí, en el Tianguis, se volvió omnipresente. Estaba en los stands, en los discursos, en las presentaciones. Turismo comunitario por aquí, turismo comunitario por allá. Siempre bien acompañado. Siempre bien encuadrado. Siempre con su representante comunitario plural, en color, listo para la foto. Dándole realce a las figuritas y figuritos que no podían faltar en el corte de listón de cada stand inaugural. La postal perfecta. La narrativa perfecta.

Todo muy ordenado. Muy institucional.

Solo hay un detalle: México no es PowerPoint.

Aquí la comunidad no manda. Aquí la comunidad “participa”. Y participar, en este país, es una forma elegante de decir: “tú pon la cultura y yo veo cómo la vendo”.

Porque eso sí, ahora hay distintivos. Semilla TC. Excelencia TC. Casi falta el “Nivel Dios del Mole”. Como si la autenticidad necesitara certificarse.

Imagínate la escena.

Llega el funcionario. Camisa blanca. Chaleco con logotipo.
“Lo que ustedes hacen es muy valioso”.

La comunidad asiente.

“Pero hay que ordenarlo, estructurarlo, estandarizarlo…”

Ahí se pone bueno.

El ritual se vuelve producto.
La cocina se vuelve menú.
La vida se vuelve itinerario de 2 horas.

Y aparece la guía nacional. Una lista de “experiencias reales” empaquetadas para que el turista sienta que descubrió algo… aunque ya venga servido.

Porque el turismo comunitario oficial no busca incomodar. Busca vender.

Te venden la caminata con el guía local… pero con horario.
Te venden la ceremonia ancestral… pero con reservación.
Te venden la convivencia… pero con tarifa.

Todo muy comunitario. Todo muy cobrado.

¿Y el dinero?

En el discurso, se queda en la comunidad.
En la realidad, el dinero se da un paseo.

Pasa por el operador.
Pasa por el intermediario.
Pasa por el que “armó el proyecto”.

Y cuando llega algo, alcanza para que todo siga igual.

Porque aquí el truco no es que la comunidad crezca. El truco es que no deje de necesitar.

Ahora métele el ingrediente nacional.

El alcalde que llega a cortar listón.
El delegado con speech reciclado.
La comitiva que ya viene aplaudiendo.
Y el representante federal dando clase de primaria.

“Niños, el turismo comunitario es compartir”.

Aplausos.

Y atrás, la comunidad. Viendo cómo su vida se convierte en discurso.

Porque hay una verdad incómoda: el turismo comunitario no nació de las comunidades. Nació de la necesidad de tener algo nuevo que decir.

Antes fue Pueblo Mágico.
Luego turismo sustentable.
Ahora turismo comunitario.

Mismo fondo. Nueva etiqueta.

Y sí, hay convenios, redes, capacitaciones. Todo muy correcto. Todo muy lejos de la realidad.

Porque en la realidad la cosa es simple.

La comunidad no necesita que le expliquen su cultura.
No necesita que le digan cómo vivir.
No necesita que le pongan precio a su identidad.

Lo que necesita es decidir.
Cobrar.
Crecer.

Pero eso no se certifica. Eso no se presume.

Y así avanza el turismo comunitario. Fuerte en discurso. Flojo en ejecución. Perfecto para ferias. Perfecto para que el turista diga: “qué auténtico”.

Mientras todo estaba diseñado para que lo sintiera así.

México tiene comunidades que no necesitan convertirse en producto. Pero el sistema sí necesita convertirlas para seguir operando.

Ahí está la tragicomedia.

Un país que presume su autenticidad mientras la empaqueta.
Un gobierno que habla de comunidad mientras centraliza.
Un turista que busca verdad mientras compra experiencia.

Y una comunidad que sigue ahí.

Chambeleando. Sonriendo. Atendiendo.

Participando.

Esperando que algún día el turismo comunitario deje de ser discurso… y se vuelva algo que sí les pertenezca.

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