¿Por qué se ahogan personas que saben nadar?
Un dato que rompe mitos
Existe una creencia peligrosa: pensar que saber nadar es suficiente para estar a salvo en el mar.
La realidad, confirmada por salvavidas y rescatistas en todo el mundo, es contundente: alrededor del 90% de las personas que se ahogan o requieren rescate sí saben nadar.
Este dato cambia por completo la conversación sobre seguridad en playas.
El problema no es la falta de técnica, sino la falta de educación acuática en entorno marino.
El mar no funciona como una alberca
Una alberca es un entorno controlado:
• Profundidad constante
• Agua quieta
• Sin corrientes
• Sin oleaje
El mar, en cambio, es un sistema vivo. Cambia por horas, mareas y viento.
Existen corrientes de retorno, canales invisibles que te arrastran mar adentro, cambios bruscos de profundidad y oleaje lateral que desorienta incluso a nadadores experimentados.
Un nadador de piscina no está entrenado para leer estas señales.
Las corrientes que no se ven
Uno de los mayores peligros del mar es que no siempre avisa.
Las corrientes de retorno no siempre tienen espuma ni olas grandes.
Muchas veces se presentan como zonas aparentemente tranquilas.
Cuando una persona nota que ya no avanza hacia la orilla, suele entrar en pánico… y ahí comienza el verdadero problema.

El pánico: el enemigo real

En situaciones de riesgo, el cuerpo reacciona con adrenalina.
La persona comienza a nadar con fuerza contra la corriente, lo que provoca:
• Agotamiento rápido
• Hiperventilación
• Pérdida de flotabilidad
• Desorientación
No es debilidad física.
Es una reacción natural mal dirigida.
Alcohol y exceso de confianza
Una proporción importante de incidentes ocurre cuando hay alcohol involucrado.
El consumo reduce reflejos, altera la percepción del riesgo y genera una falsa sensación de control.
En el mar, esa combinación es letal.
Un error que en tierra sería menor, en el agua puede convertirse en una tragedia.

La verdadera clave: saber salir
Contrario a lo que muchos piensan, no hay que luchar contra el mar.
Las recomendaciones básicas de seguridad incluyen:
• Leer la playa antes de entrar
• Observar banderas y señalización
• Identificar corrientes
• Flotar para recuperar control
• Orientarse
• Nadar lateralmente, nunca contra la corriente
La calma y la información salvan más vidas que la fuerza.
Educación acuática: una deuda pendiente
Saber nadar debería ir acompañado de educación marina básica.
Entender el comportamiento del mar, respetarlo y saber cuándo no entrar es tan importante como la técnica de nado.
La prevención comienza antes de mojarse los pies.
Conclusión
Saber nadar es importante.
Saber interpretar el mar es vital.



La información correcta, compartida a tiempo, puede marcar la diferencia entre unas vacaciones seguras… y una tragedia evitable.


