Entrevista

Miguel Galicia CEO de Travel Shop: Visión sin límites

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Visión sin límites y la pasión detrás del gran viaje

A 12 años de Travel Shop, su fundador vuelve a las personas que confiaron en él y a las decisiones que le enseñaron a dirigir.

El inicio de una vocación inesperada

Miguel Galicia quería estudiar informática. En el Politécnico le dijeron que ya no había lugar y le ofrecieron dos opciones: Economía o Turismo. Tenía unos segundos para decidir. Eligió Turismo, sin imaginar cuánto terminaría importándole aquella profesión. Hoy le gustaría encontrar a la mujer que le entregó la ficha y darle las gracias.

Durante la conversación, Miguel recuerda quién le enseñó el negocio y quién decidió confiarle una primera venta. También reconoce a quienes trabajaron con él y hoy están en otras empresas. Al contar cómo construyó Travel Shop, va dándole su lugar a cada uno.

Aprender el negocio desde dentro

Su formación pasó por Juliá Tours, donde conoció el funcionamiento de una mayorista desde distintas áreas. Aprendió sobre producto y operación, mientras el marketing empezaba a ganar espacio en el negocio. Fuera de la oficina, destinaba sus ahorros a viajar. Una clase de cocina tailandesa también podía enseñarle algo útil: cada experiencia ampliaba sus referencias para entender lo que después ofrecería a otros.

Atender agencias en distintas ciudades completó esa educación. De aquellos profesionales, a quienes llama sus maestros, aprendió que cada región de México tiene su manera de comprar y viajar. Escucharlos le permitió reconocer diferencias que más adelante serían importantes para desarrollar su empresa.

Una servilleta y una decisión

La posibilidad de emprender tomó forma durante una conversación de restaurante con Jordi Llorens. Se conocían profesionalmente y había admiración mutua. Miguel apreciaba su habilidad para evaluar un negocio. Tenía otras ofertas laborales que aún no aceptaba, pero aquella charla cambió sus planes.

«La palabra “asociémonos” definitivamente cambió mi visión de qué podía hacer yo en el futuro».

La propuesta quedó plasmada en una servilleta. Travel Shop nació en 2014, vinculada inicialmente con Mundo Joven. Aproximadamente un año después, recuerda Miguel, el proyecto se independizó de ese concepto. Las relaciones que había construido durante su trayectoria empezaron a convertirse en el respaldo de una empresa nueva.

Las primeras agencias que confiaron

Alejandra Galván, de Viajes Tabasco, en Villahermosa, fue una de las primeras personas que lo acompañaron. Miguel recuerda sus palabras: «Te habías tardado y voy contigo y lo vamos a hacer juntos». Su nombre quedó ligado a aquella primera venta que conserva con especial agradecimiento.

«Giraron sus prioridades hacia mí», dice sobre las agencias que apostaron por él. Todavía busca cómo agradecerlo. Cada operación que recibía llevaba la confianza de alguien que ya tenía una relación con su propio cliente. Ahora Travel Shop debía responder por ese viaje. Miguel entendió pronto la responsabilidad que estaba aceptando.

Aprender a dirigir

Hacia el segundo o tercer año, el crecimiento empezó a exigirle algo para lo que su experiencia comercial no lo había preparado del todo. Colegas cercanos le hicieron ver que debía aprender a formar un equipo. Ya conocía el trabajo; necesitaba saber delegarlo y dar a otros la confianza para tomar decisiones.

Por insistencia de uno de sus maestros del ITAM, cursó un diplomado sobre liderazgo. También se ocupó de mejorar su comunicación. «No basta la experiencia», insiste. Conocer bien el negocio le había permitido emprender; dirigirlo le exigía seguir preparándose.

La pandemia como una refundación

La pandemia llegó cuando Travel Shop tenía apenas cinco o seis años. Miguel habla de ese periodo como una refundación. Describe jornadas concentradas en conseguir ingresos, aunque fueran mínimos, y mantener al equipo trabajando. La urgencia ocupaba tanto espacio que, según cuenta, no le daba tiempo de sentir miedo.

Hubo días en los que estuvo solo en la oficina. Los demás trabajaban a distancia y lo veían ahí. Él seguía buscando ventas con ellos, atento a lo que pudieran conseguir ese día. Recuerda que, incluso con un equipo reducido, nunca dejaron de pagarle un ingreso al personal.

Lo más difícil para él llegaría durante la recuperación. Sitúa en 2023 el año más retador, también en lo personal. El cliente quería viajar otra vez, mientras la cadena de servicios seguía desajustada. Una reserva podía quedar expuesta a una cancelación o a un cambio de condiciones. Había que revisar en quién confiar y cómo responder.

«La normalidad fue un caos».

Por eso habla de dos comienzos dentro de los mismos doce años. Había que reconstruir la operación mientras atendían a los viajeros que regresaban. Al hacer el balance, Miguel piensa en sus colaboradores y en la familia que hay detrás de cada uno. Entender lo que la empresa significa en sus vidas está entre los aprendizajes que más lo han cambiado.

Travel Shop como escuela

También habla con agradecimiento de Jorge Garay y Rocío Aguilar. Recuerda su trabajo y los momentos difíciles en los que acompañaron a la empresa. Que otras compañías busquen talento formado en Travel Shop le genera orgullo, aunque las salidas obliguen a reorganizarse. Le gusta reconocer que la operadora también se ha convertido en una escuela.

Tener claro qué se quiere vender

Para los agentes tiene una recomendación concreta: tener claro qué quieren vender. Cuenta el caso de una colega en Hermosillo especializada en eventos deportivos. Alrededor de un partido en Europa construye recorridos y extensiones. Conocer bien ese interés le permite desarrollar más negocio.

Miguel observa, además, que el viajero llega con mucha información y necesita ayuda para ordenarla. El asesor tiene que entender qué busca esa persona y ayudarla a decidir. Para él, la intermediación tiene sentido cuando mejora el viaje y ofrece respaldo si algo se complica. Sigue confiando en el futuro del agente por una razón que expresa así:

«somos humanos, complaciendo a humanos».

Los proyectos que vienen

Entre sus proyectos está participar en una escuela de capacitación conectada con las necesidades reales de la industria. También le interesa desarrollar experiencias para comunidades con intereses compartidos. Todavía deja abierta la forma que tomarán esas ideas. Al hablar de ellas, vuelve a preguntarse qué hace falta en el mercado y dónde podría aportar algo.

Una nueva forma de medir las satisfacciones

En lo personal, sus satisfacciones han cambiado. Antes, una fotografía frente al Big Ben podía justificar muchas horas de trabajo. Hoy habla del placer de sentarse a tomar un café, sin importar lo modesto del lugar ni su ubicación, y compartir una conversación memorable, de esas que se atesoran en la mente y en el corazón. Valora cada vez más a su familia y reconoce cuánto necesita a sus amigos y a su pareja.

La alegría de seguir construyendo

Cuando le preguntamos qué quisiera transmitir a quienes trabajan con él, Miguel recuerda al hombre que recoge la basura en su edificio. Cuida su camión y llega cantando. Saluda con el mismo respeto a los vecinos y al portero; entre bromas con sus compañeros, va haciendo su trabajo. Miguel lo observa con admiración.

Hay algo profundamente entrañable en esa reflexión. Después de doce años de construir una empresa, Miguel encuentra en aquella escena un deseo para los años que vienen: llegar cada mañana con ganas de encontrarse con su equipo y seguir construyendo algo que les importe a todos. Sentirse acompañado por personas a las que respeta y con quienes todavía tiene mucho por compartir. Que el paso del tiempo haga más profundo el cariño por lo que hace. Y que, en su camino recorrido, conserve la alegría de seguir encontrando su voz y todavía le nazcan las ganas de cantar.

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