Los 7 pecados del feminismo turístico corporativo
Cuando el empoderamiento cabe perfecto en un panel… pero no en la nómina
Cada marzo ocurre el mismo milagro en la industria turística.
De repente, el sector descubre algo extraordinario:
las mujeres existen.
Entonces aparecen los paneles, los desayunos, las campañas, los hashtags y las fotos con fondos morados.
Todo muy bonito. Muy inspirador. Muy LinkedIn.
Pero pasa el 8 de marzo… y la industria vuelve a funcionar exactamente igual.
Porque el turismo ha desarrollado una habilidad curiosa:
un feminismo corporativo perfectamente fotogénico.
Uno que funciona increíble para las fotos y los discursos… pero que rara vez llega a la nómina o a la vida real.
Aquí están los siete pecados del feminismo turístico corporativo.
1. El pecado del panel infinito
El turismo ama los paneles sobre mujeres.
“Mujeres líderes del turismo.”
“Mujeres transformando la industria.”
“Empoderamiento femenino en el turismo.”
Cinco ponentes.
Un moderador.
Un coffee break.
Pero curiosamente el panel casi nunca incluye a:
• recamaristas
• meseras
• cocineras
• personal de limpieza
• trabajadoras informales del turismo
Es decir, a la inmensa mayoría de las mujeres del sector.
Pero claro…
ellas no hablan en paneles.
Ellas limpian el salón donde se hacen.
2. El pecado del storytelling inspirador
Nada vende mejor que una historia inspiradora.
“Yo empecé desde abajo…”
“Trabajé muy duro…”
“Las mujeres sí podemos…”
Historias reales.
Pero también historias cómodas.
Porque permiten contar el éxito individual sin hablar del sistema que mantiene a miles de mujeres en la base laboral.
El turismo ama las historias excepcionales.
Pero rara vez habla de las reglas del juego que hacen que esas historias sean excepciones.
Porque la realidad es menos romántica:
para una que llega arriba,
hay miles que siguen abajo fregándose.
3. El pecado del hashtag feminista
En marzo aparecen frases hermosas:
#MujeresEnTurismo
#TurismoConIgualdad
#EmpoderamientoFemenino
Todo muy compartible.
El problema es que los hashtags no cambian cosas como:
• salarios bajos
• jornadas largas
• informalidad laboral
• dependencia de propinas
• la joda diaria del trabajo turístico
Pero eso sí…
la campaña queda preciosa.
4. El pecado del liderazgo selectivo
Cuando el sector habla de “mujeres en turismo”, casi siempre se refiere a:
• directoras
• empresarias
• funcionarias
• ejecutivas
Que son importantes.
Pero representan una minoría dentro de la industria.
Mientras tanto, la mayoría de mujeres del turismo trabaja en:
• housekeeping
• cocina
• servicio
• comercio informal vinculado al turismo
Pero esas no aparecen en la narrativa.
Porque el turismo prefiere hablar de liderazgo, no de estructura laboral.
Y además existe el famoso club.
Siempre las mismas.
Siempre las mismas asociaciones.
Siempre los mismos eventos.
Siempre las mismas revistas hablando de “las líderes del turismo”.
Líderes que hablan de liderazgo…
entre ellas mismas.
5. El pecado de la sororidad de escritorio
Este es uno de los pecados más incómodos.
Muchas de las líderes que hablan en estos paneles son mujeres talentosas y exitosas.
Eso no está en discusión.
El problema es otro.
Muchas de ellas dirigen o representan empresas que también forman parte del sistema que precariza el trabajo turístico.
Hoteles.
Operadoras.
Corporativos.
Empresas donde trabajan miles de mujeres en condiciones difíciles.
Entonces ocurre algo curioso.
En el escenario se habla de sororidad.
Pero cuando llega el momento de discutir salarios, horarios o condiciones laborales, la conversación desaparece.
Porque la sororidad termina cuando te sientas en la mesa de dirección.
6. El pecado del empoderamiento sin salario
Una palabra muy popular en el turismo es:
empoderamiento.
Pero el empoderamiento real no empieza en un panel.
Empieza con cosas menos glamorosas:
• salario digno
• contrato formal
• seguridad laboral
• oportunidades reales de ascenso
• horarios compatibles con la vida familiar
Sin eso, el empoderamiento se vuelve otra cosa.
Un concepto elegante.
Un discurso.
O, dicho en términos turísticos:
un bonito folleto… sin el destino incluido.
7. El pecado del aplauso anual
El último pecado es curioso.
El turismo celebra a las mujeres un día al año.
Después el sistema sigue igual.
Los mismos salarios.
Las mismas condiciones.
La misma pirámide laboral.
El aplauso es sincero.
Pero también cómodo.
Porque es más fácil aplaudir un día que cambiar una industria.
El verdadero feminismo turístico
El turismo no necesita menos mujeres líderes.
Necesita más.
Pero también necesita algo más profundo:
reconocer a las mujeres que sostienen la industria todos los días.
Las que no tienen panel.
Las que no salen en LinkedIn.
Las que no dan conferencias.
Las que hacen las camas antes de que el huésped llegue.
Las que sirven el desayuno antes de que empiece el evento.
Las que limpian el salón después del panel sobre liderazgo femenino.
Porque si el turismo quiere hablar en serio de igualdad…
primero tiene que mirar hacia abajo.
Ahí.
En la base de la industria es donde están
las verdaderas mujeres del turismo.

