Tragicomedia
Viajar a Florida en los tiempos del cólera
Turismo mexicano entre el ruido político, la retórica hostil y la realidad del viajero
Hay épocas en las que viajar no es solo desplazarse, sino aprender a convivir con el contexto. Viajar en los tiempos del cólera —parafraseando a García Márquez— no habla de una enfermedad biológica, sino de una atmósfera: discursos ásperos, políticas migratorias duras, narrativas de exclusión y una constante sensación de incomodidad para el viajero latino.
Una especie de fiebre social que no se cura con antibióticos, pero sí con paciencia… y boleto de avión.
Y, sin embargo, los mexicanos siguen viajando a Florida. Más que nunca.
Aunque el entorno insista en preguntar: “¿seguro?”
Esta es la paradoja que define el turismo mexicano hacia Florida entre 2024 y 2026: el viajero avanza justo cuando el discurso parece retroceder.
El ruido: Trump, ICE y el clima de endurecimiento
Desde que Donald Trump volvió a ocupar el centro del debate político estadounidense, la narrativa en torno a migración, control fronterizo y “orden” regresó con fuerza al espacio público. A ello se suman acciones más visibles de agencias como ICE, leyes estatales restrictivas y una cobertura mediática constante que amplifica la sensación de tensión.
Una banda sonora poco amable para quien solo quería vacaciones.
Florida se convirtió, así, en un caso emblemático: Uno de los destinos turísticos más visitados por mexicanos y al mismo tiempo uno de los estados donde el discurso político ha sido más áspero.
Sol, palmeras… y cejas levantadas.
En teoría, este contexto debería frenar al viajero.
En la práctica, ocurre exactamente lo contrario. (Como casi todo en turismo.)
Los datos: cuando la realidad desmiente al discurso
Las cifras son claras y difíciles de refutar. Y suelen ser poco sentimentales.
Florida cerró 2025 con más de 613 mil turistas mexicanos por vía aérea, el nivel más alto registrado históricamente. No solo se recuperaron los flujos previos a la pandemia, sino que se superaron ampliamente.
El miedo, al parecer, no pasó migración.
La curva es contundente:
- caída abrupta en 2020,
- recuperación sostenida desde 2021,
- crecimiento constante hasta 2025.
Nada en esa tendencia sugiere miedo. Nada indica retirada. Ni siquiera duda.
Al contrario: el turismo mexicano hacia Florida se fortaleció justo en un entorno que parecía adverso.
Como quien entra al huracán con impermeable… y tarjeta de crédito.
El viajero mexicano: pragmático, no ideológico
Aquí está el núcleo del fenómeno. Y también el malentendido.
El turista mexicano contemporáneo —especialmente el de clase media y media-alta— no viaja desde la ideología, sino desde el pragmatismo. Ha aprendido a separar:
- el discurso político,
- de la experiencia turística real.
Una habilidad que no se enseña en la escuela, pero sí en el aeropuerto.
Para él, Florida sigue siendo:
- conectividad aérea sólida,
- parques temáticos de clase mundial,
- compras,
- playas,
- cruceros,
- una experiencia probada y reconocible.
El viajero entiende algo esencial: Trump no está en el hotel, ICE no está en la fila de Disney, el discurso no es el destino.
Ha aprendido a viajar dentro del ruido sin dejar de consumir.
Una forma moderna de resistencia… con Mickey Mouse.
Normalización del contexto y madurez del viajero
El ruido dejó de ser excepcional y se volvió parte del paisaje. El viajero mexicano ya no reacciona de forma automática al titular alarmista. Evalúa, compara y decide.
Como quien ya vio demasiados noticieros.
Sabe que el contexto político es complejo, pero también que:
- los vuelos siguen operando,
- los parques siguen abiertos,
- la industria turística sigue funcionando.
Esta madurez explica por qué Florida mantiene —e incluso incrementa— su atractivo para el mercado mexicano, aun en escenarios de tensión discursiva.
El viajero no romantiza… pero tampoco cancela.
Florida: destino turístico en medio de una contradicción
Florida vive hoy una contradicción profunda: recibe cifras récord de turistas mexicanos mientras su entorno político parece incomodarlos.
No se trata de negación ni de ingenuidad. Se trata de una realidad más compleja: el turismo se mueve en un plano distinto al del discurso político.
Uno donde manda el deseo, no el eslogan.
Para la industria turística, el mensaje es claro: el viajero mexicano no ha dejado de ir, pero exige información clara, acompañamiento y certezas operativas.
Y, si se puede, menos sobresaltos innecesarios.
Epílogo: viajar como acto de normalidad
Viajar a Florida en los tiempos del cólera no es un acto político.
Es un acto de normalidad contemporánea. Casi de terquedad civilizada.
El turista mexicano de 2026 no ignora el contexto. Lo entiende. Lo procesa. Y decide viajar de todos modos.
Porque en un mundo saturado de ruido, seguir moviéndose es una forma silenciosa de continuidad.
Y porque, para millones de viajeros, Florida sigue siendo —a pesar de todo— un lugar al que se va.
Incluso cuando el ambiente parece decir lo contrario.