Tragicomedia
El Gabinete de las Postales
Secretaría de Turismo: cuando el compadre toca la puerta del paraíso
En México, el turismo es cosa seria. Genera millones de empleos, sostiene economías locales completas y representa cerca del 9% del PIB nacional.
Pero cuando miras quién dirige el turismo —sobre todo en estados y municipios— descubres algo incómodo: muchas veces no es una secretaría técnica… es una silla política.
Una silla cómoda.
Una silla estratégica.
Una silla que no siempre se gana por saber de turismo, sino por saber de lealtades… o por haber cargado bien las lonas en campaña.
Acto I: La Secretaría como premio de consolación
En el gabinete estatal promedio, Turismo no es Hacienda ni Seguridad. Es la secretaría “amable”: la de los viajes, las ferias internacionales, las fotos en FITUR, los festivales gastronómicos y los Pueblos Mágicos.
Es la dependencia donde el PowerPoint pesa más que el Excel.
Perfecta para:
- El exalcalde que perdió elección (pero no dignidad).
- El diputado que ya cumplió su cuota.
- El empresario aliado.
- El operador político fiel.
- El amigo del gobernador que “algo hay que darle”.
- La nachita del patrón.
Y en muy escasas ocasiones para un chango o changuita que de veras le sepa.
Las leyes permiten que el Ejecutivo nombre y remueva libremente a su gabinete. En municipios, el presidente municipal designa directores casi a discreción.
Es legal.
Es institucional.
Es estructural.
Y profundamente predecible.
Acto II: El director municipal que nunca oyó hablar de capacidad de carga
En el municipio turístico promedio, el director de turismo puede ser el regidor que necesitaba cartera, el primo del síndico, el influencer local o el “muchacho movido” de campaña.
Su oficina suele tener:
- Una computadora.
- Dos roll-ups.
- Tres folletos desactualizados.
- Presupuesto para un festival pedorro, una lona gigante y un grupo musical nostálgico.
Pero rara vez tiene:
- Sistema de datos.
- Planeación estratégica.
- Indicadores.
- Manual de crisis.
- Evaluación real.
Y tampoco tiene muy claro qué es “capacidad de carga”.
Pero sí domina el concepto de “capacidad de convocatoria”.
El problema no explota. Se erosiona. Hay improvisación crónica y reinicio cada tres años… como si el destino fuera celular nuevo.
Acto III: Cuando el turismo se vuelve tendencia… por las razones equivocadas
El patrón se repite: titulares removidos tras escándalos, relevos tras elecciones, crisis reputacionales que sorprenden porque nadie tenía protocolo.
No se trata de nombres. Se trata de diseño.
Turismo se convierte en moneda de cambio política. Y el destino paga la factura.
Un secretario puede durar menos que una temporada alta. Un director municipal puede salir convencido de que el problema fue “falta de difusión”.
El sector privado vuelve a empezar cada administración: explicar, presentar, convencer, educar… y suspirar.
El turismo no se destruye por una mala feria. Se desgasta por falta de continuidad y exceso de selfie institucional.
Acto IV: La falacia de “no necesitas ser experto”
El argumento favorito:
“No necesitas saber de turismo, necesitas saber gestionar.”
Cierto. Pero gestionar qué.
Turismo no es cortar listones con tijeras doradas. Es:
- Ordenamiento territorial.
- Manejo de flujos.
- Regulación de ruido y alcohol.
- Seguridad coordinada.
- Gestión patrimonial.
- Datos de ocupación y derrama.
- Manejo de crisis.
- Gobernanza con comunidad.
Eso no se improvisa.
Eso no se aprende en campaña.
Acto V: Pueblos Mágicos, el escenario perfecto
El programa Pueblos Mágicos exige estrategia, comité activo e indicadores.
Pero durante años se privilegió lo visible sobre lo técnico.
Se construyeron arcos.
Se pintaron fachadas.
Se colocaron letras monumentales.
Se tomó la foto.
La capacitación quedó atrás. Los comités existen en papel. La memoria institucional desaparece cada trienio.
Cada administración reinventa el destino como si fuera nuevo.
“Ahora sí lo vamos a hacer bien.”
Spoiler: el tiempo se acaba antes del plan.
Acto VI: El ciclo eterno
Elección.
Reparto de gabinete.
Nombramiento político.
Aprendizaje sobre la marcha.
Crisis.
Remoción.
Nuevo nombramiento.
Mientras tanto, el turismo mueve millones de empleos y coordina sectores enteros.
Pero lo seguimos tratando como oficina decorativa con agenda internacional.
La ironía es clara: el turismo es de las industrias más complejas en coordinación interinstitucional, pero suele ser de las menos profesionalizadas en su conducción política.
Es como poner a alguien que nunca ha nadado a dirigir una alberca olímpica… y sorprenderse cuando el agua se sale.
Acto VII: La crítica constructiva
No se trata de prohibir nombramientos políticos. Eso sería ingenuo.
Se trata de blindar al destino frente a la improvisación.
Algunas rutas:
- Publicar perfil y experiencia del titular.
- Metas medibles en 180 días.
- Mandos técnicos de carrera.
- Tablero público de indicadores.
- Capacitación obligatoria.
- Protocolos de crisis institucionalizados.
- Evaluación externa periódica.
Que el secretario sea político si así lo determina el sistema.
Pero que la estructura técnica no dependa del humor electoral.
Epílogo: El gabinete de las postales
México no carece de talento. Hay especialistas formados, expertos en marketing, planeación y sustentabilidad. Muchos fuera del servicio público.
Lo que falta es un diseño que premie la competencia y no solo la lealtad.
Mientras Turismo siga siendo premio de consolación, seguiremos teniendo:
- Destinos hermosos dirigidos con PowerPoint improvisado.
- Crisis que sorprenden.
- Empresarios frustrados.
- Pueblos Mágicos que dependen más de pintura que de planeación.
El turismo no necesita más fotos.
Necesita menos cuotas y más técnica.
Porque detrás del arco pintado, del festival patrocinado y del hashtag brillante…
hay una economía real.
Y esa economía no funciona con likes.
Funciona con gobernanza.