Tragicomedia
El Festival Placebo
“Internacional”… aunque ni la colonia lo pele
En el turismo en México tenemos una palabra mágica.
Una palabra que todo lo sube de nivel.
Que todo lo legitima.
Que todo lo maquilla… chulo de bonito.
“Internacional.”
Festival internacional del taco.
Del café.
Del nopal.
Del nahual
Internacional…
aunque el invitado más lejano venga de la colonia de al lado.
Y así nace el clásico de clásicos:
El Festival Placebo internacional.
El hechizo: lo dices con fe y ya chingaste
Aquí no se debate.
Se decreta.
Si el boletín dice “internacional” …
es internacional.
Y punto.
Aunque sea puro efecto placebo.
No importa si:
- No hay artistas extranjeros
- No hay público extranjero
- No hay prensa internacional
Pero eso sí:
Hay lona gigante.
Hay discurso inflado.
Y un hashtag que nadie usa.
Y con eso, como buen placebo:
parece que cura …… aunque nomas, sea atole con el dedo.
Día 1: la foto que sí viaja
Aquí ocurre el verdadero viaje internacional.
La foto.
Porque el evento podrá no salir del municipio…
pero la imagen sí circula.
Y con eso alcanza.
Corte de listón.
Discurso con palabras pesadas: “proyección”, “alcance global”, “posicionamiento”.
Todo listo para el boletín.
Y se acabó.
El evento ya es internacional…
en PDF.
El protagonista real
Seamos claros.
El festival no es el centro.
El centro es la foto… y quién sale en ella.
Ese día sí se llena, pero de lo que llega seguro:
Comitiva completa.
Equipo cercano.
Invitados de compromiso.
Lambisconería bien peinada.
Ahí sí hay aplauso.
Ahí sí hay ambiente.
Ahí sí hay encuadre.
Porque lo importante no es que el evento esté lleno.
Es que se vea lleno cuando toca.
El evento dura días.
La imagen… se queda años.
Día 2: se baja el telón
Se van las cámaras.
Se quedan las sillas.
Y el silencio empieza a pesar.
El escenario sigue armado.
Las bocinas encendidas.
La lona intacta.
Pero la gente… no.
Tres paseando.
Dos mirando.
Uno preguntando:
“¿y aquí qué hay?”
Y la respuesta de siempre:
“Al rato se pone bueno.”
Claro.
El fin de semana: el motor de verdad
Y entonces llega el fin de semana.
Y ahí sí… hay flujo.
Pero no por el carácter internacional.
Por costumbre.
Salir a dar la vuelta.
Ver qué aparece.
Y lo que aparece nunca falla:
Gorditas.
Elotes.
Micheladas.
Artesanía que ya viste en otro lado.
La gente no fue al festival.
Se lo encontró.
Y se quedó por la comida.
El truco: inflar palabras, no experiencias
Aquí está la jugada.
No se construye un evento internacional.
Se construye un discurso internacional… placebo.
Porque decirlo es más fácil que sostenerlo.
Y entonces todo se repite:
Mismo formato.
Mismos stands.
Mismo ambiente flojo.
Pero con nombre distinto.
Como dicen: la misma gata… con otro collar.
El público: va por otra cosa
La mayoría ni piensa en lo internacional.
Va porque:
- Hay movimiento
- Hay comida
- Hay algo que ver
- Hay que pasear a la familia
El concepto vive en el boletín.
El efecto placebo… en el discurso.
La realidad… en la fila de gordas.
La escenografía del “todo salió bien”
Todo está listo para lucir:
Escenario.
Luces.
Marca.
La palabra “internacional” bien colocada.
Pero no para sostenerse.
Porque el objetivo no es que el evento sea internacional.
Es que lo parezca el tiempo suficiente.
Pan, circo… y placebo
No necesitas llenar tres días.
Con llenar momentos… alcanza.
Un rato de gente.
Unas fotos bien logradas.
Un boletín contundente.
Y listo.
Como buen placebo:
no cura… pero tranquiliza.
Y pa rematar
El problema no es usar la palabra “internacional”.
El problema es usarla como muleta.
Un evento no se vuelve internacional por repetirlo.
Se vuelve cuando se siente.
Cuando vale la pena.
Y en México…hay festivales que prometen mundo… pero entregan paseo dominical con fritanga.
No era internacional.
Era lo de siempre:
pan, circo… y placebo.