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Alma de mi alma,
Usted sabe que la extraño y que me muero por verla, pero así como está la cosa, pos orita no puedo hacerlo.
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Y mientras pasa la polvareda y pa que no me vaya a olvidar, le mando su cajoncito con un montón de alegrías y un montón de recuerditos.
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Le mando su relicario, con una foto de antaño, de ese lugar que los años fundieron con gran premura, para dar genio y figura, a espacios de arte y cultura.
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Reciba con alegría esa brisa tan sutil, como recuerdo de aquella, que acarició su mejilla, cuando hermosa deambulaba con exquisita cadencia por el río que, a sus pies, le despertó el interés.
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Y aquí le va su rosario, pa que lleve en el corazón a la virgen que a esta tierra le brinda su bendición.
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Le pongo también unas fotos de hermosísimos rincones, cuya estampa colonial, es motivo de recuerdo para aquellos que de lejos nos pasan a visitar.
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Tenga paciencia alma mía, que si no quiere esperar, le mando con toda el alma, esta silla de montar, pa que recuerde con gusto a ese noble guardián, símbolo de estas tierras que vigila nuestro andar.
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Y pa comer a lo grande, como lo manda el señor, ahí le empaco este cabrito, cuya fama ha trascendido, la frontera nacional y es de todos conocido por su sabor sin igual.
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Pa acompañar este bendito festín, le mando esta delicia de dorada transparencia y burbujeante alegría.
Aquí le va este pecado, pa que endulce sus momentos, una, y otra y otra vez, y pues si no me entendió, pos se lo mando de nuez.
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También le mando el rocío de aquel hermoso lugar, que la madre naturaleza nos regaló sin dudar.
Y pa que no se me aburra, reciba usted su pincel, como símbolo del arte que se lleva acá en la piel y la llevó a visitar universos de sorpresas.
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La extraño de aquí pa allá,
su meritito Monterrey
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